El documental “Comprar, tirar, comprar” muestra a través de ejemplos y fuentes, un
trabajo de investigación sobre cómo la mayoría de las empresas
diseñan sus productos para que duren mucho menos. De esta forma
incentivan el consumo. Pero tenemos que borrar de nuestras mentes, la
falsa idea de felicidad que tenemos a través del consumo
desmesurado, porque esto está perjudicando a muchos países como
puede ser el caso del país africano de Ghana.
Mike
Anane, periodista ghanés y activista medioambiental, cuenta que
llegan al país contenedores llenos de residuos electrónicos desde
Occidente, algunos con el sobrenombre de “productos de segunda
mano”, pero en realidad no funcionan. En Ghana no se tira nada que
pueda ser reparado. La mentalidad que tenemos en Occidente de “usar
y tirar” los productos que compramos, en el país africano no se
entiende. En Ghana estos productos se reparan para ser reutilizados,
pero el problema es que más del 80% de los residuos electrónicos
que llegan al país no se pueden reparar. Esto hace que residuos no
utilizables, se almacenen en un vertedero, contaminando de esta forma
todos los recursos naturales propios del país.
Tras la crisis
económica de 1929, se propuso una ley cuya base era la
Obsolescencia
Programada. Pretendía que todos los productos tuvieran una fecha
de caducidad, de esta forma se maximizarían los beneficios y se
crearían más puestos de trabajo. El caso más impactante y, de
especial relevancia, es el de las bombillas. Están diseñadas para
durar 1.000 horas, según la Obsolescencia Programada, cuando podrían
hacerlo durante más de 100 años. En 1901 se colocó una bombilla en
un parque de bomberos en Livermore,
California. Lynn Owens, Presidente del Comité de la Bombilla,
descubrió en 1972 que una de las bombillas del parque de bomberos
era muy importante. No tenía conciencia de lo antigua que era,
llevaba allí colgada 71 años. Un reportero, Mike Dunstan, empezó a
investigar. Habló con bomberos ya jubilados, que por entonces
tendrían unos 90 años, y confirmaron que la bombilla funcionaba sin
interrupción desde 1901. Ha pasado a la historia como la bombilla
centenaria, en 2011 celebró su 110 cumpleaños. Esto nos
demuestra que el Cartel
Phoebus, llevado a cabo en Ginebra
en diciembre de 1924 hasta 1939, ha pasado factura tras controlar la
fabricación de bombillas, limitándolas a 1000 horas de vida. En
1925, con este propósito, se creó el conocido “Comité de las Mil
Horas”. La durabilidad de las bombillas sería controlada, y los
fabricantes que se desviaban de los objetivos marcados, eran
multados. En tan solo dos años, la duración de estas descendió de
las 2500 a las 2000 horas, y en los años 40 ya no pasaba de las 1000
prometidas.
“Comprar, tirar,
comprar” ganó en 2011 el premio de la Academia de Televisión.
Aparecen empresarios, ingenieros, economistas, investigadores y, se
recuperan voces como la de Thomas
Edison o Brooks
Stevens.
La lógica que desprende
nuestra sociedad consumista, la Obsolescencia Programada, no es
crecer por nuestras necesidades, sino crecer por crecer. Una sociedad
de crecimiento sin crecimiento es una catástrofe. Esta ley controla
los deseos de los consumidores de poseer algo un poco más nuevo y,
un poco antes de lo necesario. Decide nuestras vidas desde los años
20.
Otro ejemplo, relacionado
con el de las bombillas, es el de los chips de las impresoras,
diseñados con un tiempo límite de vida, de esta forma, cada cierto
tiempo tenemos que renovarla, ya que el arreglo es más caro que una
nueva. Si caemos y accedemos a comprar un producto nuevo, seguiremos
siendo víctimas de la Obsolescencia Programada.
La
producción en masa hizo que los precios descendieran y los productos
fueran más asequibles para los consumidores. El problema llegó
cuando los productores se empezaron a preguntar que pasará cuando
tengan todos los productos, ya que eran muy asequibles.
Henry
Ford, padre de la producción en cadena, creó una estrategia
para fabricar un modelo único de coche, el Ford
T. La marca de coches Chevrolet
le dio un giro a la estrategia que había hecho Ford, sacó un modelo
más bonito y dinámico, un concepto de modelo anual. La marca quería
que los consumidores cambiaran de coche cada tres años. Esto hizo
que las ventas de Ford disminuyeran y su modelo rompedor se viera
anticuado y fue retirado del mercado. La marca copio la idea de
Chevrolet y empezaron a vender coches “como churros”.
Brooks
Stevens quiso reducir la depresión económica que se daba en la
época. Para ello planteó una estrategia que consistía en que los
consumidores tuvieran los últimos y más nuevos modelos. El diseño
y el marketing seducían al consumidor para que buscara y quisiese el
último berrido.
A
partir de los años 50, los consumidores empezaron a poner en duda la
eficacia de la Obsolescencia Programada. La era de Internet ofrecía
muchas salidas y, los usuarios estaban dispuestos a acabar con esta.
Warner Philips, bisnieto de los creadores de Philips,
considera que el paso del tiempo desgasta los recursos naturales y
así es imposible seguir viviendo.
En
mi opinión las redes sociales dan soluciones a nuestros problemas
con un procedimiento más rápido. La única forma de luchar contra
la Obsolescencia Programada es replanteándose la ingeniería y la
manera de hacer productos. Actualmente vivimos en una sociedad
gastadora y si los productos tienen una vida limitada hace que los
residuos se acumulen y esto crea un gran problema medioambiental.
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